jueves, 19 de octubre de 2023

LA FUNCIÓN DE LA FILOSOFÍA A TRAVÉS DE UNA IMAGEN

 


Dijimos que aquellos primeros pensadores de Mileto, Tales, Anaximandro, Anaxímenes y otros encontraron en la Naturaleza aquel fondo que todo lo abarca, de donde todo surge y adonde todo va a parar cuando acaba su ciclo existencial.

Y aquí hay que parar atención en que la Naturaleza no es una cosa, sino la respuesta que esos pensadores encontraron al hecho de la enorme diversidad de cosas que hay y los cambios que en ellas se producen. Todo cuanto hay, directa o indirectamente, procede de esa Naturaleza, siempre la misma, eterna e indestructible, aunque las cosas que ella produce sean cambiantes, temporales y perecederas.

En vistas a entender la función unificadora de esa noción de Naturaleza me gusta acudir a aquello que dijo Unamuno en su obra Del sentimiento trágico de la vida: “la filosofía responde a la necesidad de formarnos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida…” Y esa necesidad la entiendo como si el mundo y la vida a la que hace referencia fuese un inmenso montón de diminutas piezas de un puzzle. Tenemos las piezas, las podemos ver, examinar, tocar. ¿Qué nos falta para poderlo montar, para ir encajando esas piezas, colocarlas ordenadamente, hacer que nos muestren el papel de cada una de ellas, etc? Necesitamos disponer de la imagen final de ese puzzle. La visión de ese puzzle montado y ordenado. Sin esa visión manejamos las piezas, las examinamos, probamos de encajarlas, pero nos movemos a tientas como un ciego.

Pero ¿cómo lograr esa visión? Y aquí, creo, se nos abren tres caminos espirituales:

a)    Aceptar que ha habido quienes por una inspiración especial les ha sido revelada esa imagen. Ese es el latido de fondo de toda religión. Eso significa aceptar que hay una voluntad más grande y previa que la nuestra y a la que debemos ajustarnos. Todas esas piezas no son un mero montón, sino fragmentos de un Todo unitario.

b)    Creer que nosotros, a partir de un conocimiento cada vez más preciso de las piezas, podemos formarnos esa imagen. Acepta que todo debe estar relacionado y esas relaciones se van, poco a poco, encontrando a partir del trabajo investigador de la mente humana. Se trata de una vía como más violenta intelectualmente, pero que admite que aquello es un puzzle.

c)    Considerar que esa imagen del Todo es una quimera, que es innecesaria y que esos objetos no son piezas de nada y aceptar la caducidad de nuestra existencia. Es una vía que frecuentemente se toma por desesperación ante las otras vías. Pero esa desesperación, a su manera, dibuja la imagen que pretende negar y que da cuenta de todo.

Pero, en cualquier caso, es una necesidad inherente a la naturaleza intelectual del hombre. En su comportamiento y respuestas a las solicitudes de la vida hay prefiguradas esa visión unitaria y total del mundo y de la vida, de la que hablaba Unamuno, y que siempre ha acompañado al hombre. Los presocráticos la encontraron en su noción de Naturaleza.

lunes, 23 de enero de 2023

DE LA LEY Y DEL DERECHO: UNA CITA


“Si el derecho se fundara en la libertad de los pueblos, en los decretos de los príncipes o en la sentencia de los jueces, entonces sería derecho el latrocinio, derecho el adulterio, derecho la confección de testamentos falsos, con tal que estos actos recibieran los sufragios o la aprobación de la masa. Pues si tanto poder tiene la opinión o la voluntad de los insensatos, como para poder, por sus votos, trastornar la naturaleza de las cosas, ¿por qué no habría de decidir que lo que es malo y dañino se tuviera por bueno y saludable? ¿O peor aún, ya que la ley podría crear derecho de la injusticia, no podría así mismo crear el bien con aquello que es el mal? En cuanto a nosotros, nos es imposible distinguir la ley buena de la mala de otro modo que con la naturaleza como norma… Pensar que todo esto se funda en la opinión y no en la naturaleza es propio de un demente.” (CICERÓN. De legibus, 16, 44) 

lunes, 5 de diciembre de 2022

EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

 


EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

 

Me apetece hacer un alto en el camino que conduce a entender la modernidad, arrancando desde la estación del Renacimiento. Se trata de una parada para contemplar el triste espectáculo que en lo tocante a las leyes dan nuestros políticos. Me refiero a los españoles, claro. No me da mucho trabajo, pues lo que hago es rescatar una entrada que ya hice en el 2011. Unas reflexiones sencillas, pero que entendí pertinente recordar en una sociedad en la que empieza a ser transgresor decir que la hierba es verde.

___


1. Vivir de acuerdo con las leyes: he ahí la más alta ley no escrita que Sócrates nos recuerda en su diálogo Critón. A pesar de que la sentencia que le condena a muerte es injusta, a pesar de la insistencia de Critón para facilitarle la huida, a pesar de la consideración a sus amigos, Sócrates considera indecoroso no asumir la decisión de los jueces.

2. Son las leyes como el esqueleto que sustenta el músculo de una sociedad, las que hacen el Estado. Y entre esos huesos, destaca la Constitución como la columna vertebral que permite sostener a ese Estado derecho.

3. Pero ese esqueleto requiere un suelo sobre el que apoyarse y sostenerse. Ese suelo lo forman esas leyes no escritas, consuetudinarias, nacidas de la conciencia de lo que está bien y de lo que está mal.

4. Desde la Revolución Francesa se arrastra la idea de que para transformar a la sociedad los dos instrumentos básicos son las leyes y la educación. De ahí que los ideólogos que pretenden modelar a la sociedad a su gusto se apliquen diligentemente a manipular las unas y la otra según sus deseos y fines.

5. Critón, para convencer a Sócrates de que acepte la huida que le propone, argumenta con razones que muchos encontrarían muy razonables. Pero lo que sale de sus labios son razones personales, subjetivas, demasiado débiles para justificar el quebranto que supone no acatar la ley.

6. Cuando los políticos toman posesión de sus cargos, juran o prometen cumplir y hacer cumplir las leyes que han hecho posible que ocupen esos cargos. Son esas leyes las que, por decirlo así, los engendran, son como sus padres, hasta el punto de que cuando las desobedecen o incumplen, nos ofrecen el triste espectáculo del hijo que desprecia y agrede a su progenitor.

7. El espectáculo de ver cargos públicos discutiendo sentencias, incumpliendo las leyes, hasta las más fundamentales, influyendo en los nombramientos judiciales, imponiendo obligaciones a los ciudadanos que no cuentan para los que las dictan, ese espectáculo, digo, es la ruina de la sociedad. Y eso ocurre en España.

8. Esos cargos que han huido de la ley, sea a Tebas o Megara, como proponían a Sócrates, en tanto que violadores de la ley, ¿de qué podrán hablar? ¿No estará justificado que las personas honestas y sensatas los miren con desconfianza y como desvergonzados? ¿Y no les obligará eso a tener que vivir adulando a los poco escrupulosos para que no se enojen, como deja ver Sócrates?

9. ¿Qué autoridad pueden ostentar esos cargos y responsables políticos que son los primeros en discutir e incumplir leyes? ¿No transforman las leyes, que son imperativos, en meras opiniones que solamente a los débiles se les impone? ¿No enseñan con su conducta que es la fuerza la que decide los conflictos?

10. No son las leyes las que cometen las injusticias, sino los hombres. Pero como no está bien responder a la injusticia con otra injusticia, ni devolver mal con mal, se impone el largo camino de tratar de roturar y regenerar el campo de las leyes no escritas, que es de la voluntad del bien, no solamente vivir o sobrevivir, sino vivir bien.

 

jueves, 17 de noviembre de 2022

EL HUMANISMO RENACENTISTA...

 

1.    Muchas de nuestras ideas y actitudes tienen provienen, en germen, de ese periodo de la historia europea conocido como Renacimiento, en cuyo interior, como uno de sus grandes motores, actuó el humanismo. Por lo menos, ahí estuvo el inicio de un subciclo histórico, dentro de un ciclo mucho mayor, más inmediatamente relacionado con nuestra realidad actual.

2.  Empecemos por la palabra. Humanismo es un término relativamente reciente. Parece ser que en su forma latinizada (como humanismus) fue introducido a principios del siglo XIX por el pedagogo alemán D.J. Niethammer para designar así la importancia de la lengua y la literatura griega y latina para la educación secundaria. Así se pensaba, hasta hace poco, de estas lenguas clásicas, y se defendía su permanencia en el currículo de los alumnos por su valor formativo.

3.   El uso de la palabra latina “humanista” empieza a ser corriente a principios del siglo XVI para nombrar a aquellos que se dedican a los studia humanitatis, estudios que comprendían la gramática, la historia, la retórica, la poesía y la filosofía moral, junto, naturalmente, del latín y el griego.

4.  Las disciplinas que componían los studia humanitatis no eran un simple curso de estudios que transmiten nociones y fórmulas ampliamente discutidas y asentadas. No. Los studia humanitatis eran instrumentos para alcanzar un ideal: el desarrollo de la libertad y la creatividad humanas, de todas esas cualidades que permiten al ser humano vivir felizmente en una sociedad de hombres. Eran estudios destinados a los que habían de ser protagonistas en el proyecto de construir un mundo moral, cultural y políticamente nuevo, presidido por el lema iuvat vivere, vivir es hermoso.

5.   Se trataba de un ideal enlazado con el ideal griego de la paideia, es decir, lograr mediante la educación dar al hombre esas cualidades que le hacen verdaderamente humano, que lo liberan de su condición natural y bárbara. Este ideal fue asumido por los romanos con el nombre de humanitas y encontró en Cicerón, Varrón o Quintiliano unos portavoces ilustres en la época de la República Romana.

6.  Tanto la paideia griega como la humanitas romana expresan una operación cultural, la construcción del hombre civil que articula la sociedad humana. Es en ese ideal que se forman la clase intelectual y política, los miembros activos de esa sociedad clásica del siglo I a. C.

7.  Desde un punto de vista cronológico, el humanismo renacentista europeo va desde la segunda mitad del siglo XIV hasta finales del siglo XVI. Como todas las fronteras cronológicas, sus contornos son imprecisos y relativos al lugar que se considere. No es igual en Italia que en España, donde algunos autores consideran que la Edad Media perdura casi hasta el siglo XVIII, lo cual no es verdad, pero ayuda a comprender lo mucho que hay de convencional a la hora de datar el periodo del humanismo.

8.  ¿Cuál era la imagen que de su tiempo tenían los humanistas y qué significado le atribuían? Ellos perciben su tiempo como un tiempo especial: un tiempo en que la humanidad despierta del largo sueño del medioevo. El orden establecido a partir de la imagen de Dios extraída de la Escritura y su interpretación por la Iglesia ya no satisface, no responde a la realidad. Y en eso consiste el despertar: es un renacer a la vida, a la realidad.

9.  Hay épocas en que el pasado es recibido como una riqueza, algo digno de ser conservado y transmitido a la generación siguiente. Pero en otras, lo recibido es como un peso muerto, inservible para hacer frente a los retos del presente; algo que coarta la propia libertad. Son tiempos de ruptura.

10.               En esas épocas de ruptura ya no se trata de desarrollar y completar las realizaciones de la época precedente, sino de construir algo “nuevo”, lo que solamente es posible con la muerte y desaparición de lo anterior. Pero para volver a nacer de nuevo es preciso volver a los orígenes, pues es allí donde se encuentra la fuerza, el ímpetu necesario para ese nuevo nacimiento.

11. Atribuir a la Edad Media una visión del mundo como lugar de culpa y sufrimiento, un lugar en el que el hombre ha sido arrojado por el pecado de Adán y del que sólo es deseable huir; que el hombre en sí no es nada y nada puede hacer por sí solo, que sus deseos son locura y soberbia, pues todo acaba con la muerte, etc., etc., atribuirle todo eso, digo, es más una visión del Renacimiento sobre el medioevo que una visión medieval. Y pudiera ser que ni eso, sino una interpretación histórica de lo que fue esa época de transición a la modernidad. Como toda visión de rechazo tiene apoyaturas en la realidad, pero también adolece de la incomprensión propia del que se coloca “fuera de la época”.

12.               Pero ¿de dónde renacer? ¿De dónde me vendrá la fuerza de los orígenes? ¿Dónde inspirarse para encontrar los modelos a recrear? Para los hombres de los siglos XV y XVI europeos son los autores greco-romanos. Es en ellos donde se recoge la experiencia de una civilización con las potencialidades originarias de la humanidad.

13.               Inevitablemente, esos orígenes y esa civilización son idealizados, abstrayendo de ellos la esclavitud, la crueldad, las guerras…, todo aquello que planea como la sombra de una cultura. De ser perfectos, ¿habrían desaparecido? El mundo medieval aparece como el mundo que destruyó, olvidó u ocultó aquel mundo idealizado.

14.              El conocimiento del latín y el griego clásicos permite la lectura de unas obras que hablan de los hombres y las cosas de este mundo, de sus afanes, dificultades, gestas, aspiraciones y amores. Frente a los escritos de carácter teológico y relacionados con la transcendencia (las divinae litterae), están los escritos de aquellos, generalmente seglares, que recogen ideas y temas del hombre y su mundo, las humanae litterae.

15.               Para el humanista el texto de la cultura greco-latina es mirado ahora con amor, se intenta reconstruir, conservar en su forma original, liberarlo de los errores e interpolaciones de los copistas… Se trata de captarlo con perspectiva histórica, como se hace en la pintura, donde se introduce la perspectiva en la representación de las escenas. Eso permite ver el fondo de donde emergen las figuras.

16.               Pero aquel que vuelve a los orígenes y lee atentamente los códices antiguos ya no es un griego ni un romano. Es alguien nacido y educado en el cristianismo. De ahí que su actitud sea nueva, distinta de la de los clásicos que imita. Y eso da como consecuencia una nueva orientación a la vida moral, religiosa, política, artística…

17.               El acercamiento histórico al humanismo es necesario. Pero corresponde a la filosofía tratar de ver la concepción del ser envuelta en el fenómeno histórico. Lo intentaré en otro momento.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

 

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

 

Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros.

Almas cándidas, Santos Inocentes,
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates
rogadle por nosotros.

Vírgenes semejantes a azucenas,
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es caudal de ciencia inextinguible
rogadle por nosotros.

Soldados del Ejército de Cristo,
Santas y Santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a Aquel que vive y reina entre nosotros.

Gustavo Adolfo Bécquer

 

miércoles, 6 de abril de 2022

CONSIDERACIONES SOBRE EL DESTINO

 Entre los griegos arcaicos, los dioses inmortales decidían la suerte de lo que ocurría en el mundo cambiante de los hombres mortales. Y la única forma de acceder a ese mundo latente de los dioses era mediante plegarias, levantando hecatombes u otros sacrificios para de ese modo predisponerlos a favor de los hombres para satisfacción de sus necesidades o socorr a sus males.Los augures o adivinos eran esas personas que podían, por un don especial, interpretar la voluntad de esos dioses bajo el supuesto de que esa voluntad se manifestaba en los sueños, el vuelo de las aves o sucesos singulares de la naturaleza. Estas interpretaciones permitían prever el futuro o cambiar de modo conveniente el curso de los acontecimientos.


Esta visión sobre la forma de acceder a ese mundo latente de los dioses se puede ilustrar con lo que nos dice la Ilíada en su canto primero. Los aqueos, en su sitio a Troya, están siendo diezmados por la peste y las flechas enemigas. La razón de este mal estaba en la división entre Aquiles y el Atrida, división causada a su vez por el ultraje que el Atrida infirió al sacerdote Crises, el cual queriendo liberar a su hija raptada por el Atrida Agamenón mediante un espléndido rescate, fue despreciado y humillado por este. Entonces el anciano sacerdote invocó a Apolo para que pagaran los dánaos sus lágrimas con los dardos del dios.


Ante esta situación, Aquiles decide que hay que consultar a un adivino y se expresa con estas palabras:

“¡Oh, Atrida! Ahora creo que tendremos que volver atrás, yendo de nuevo errantes, si escapamos de la muerte; pues si no, la guerra y la peste unidas acabarán con los aqueos. Mas, ea, consultemos a algún adivino, sacerdote o interprete de sueños —que también el sueño procede de Zeus—, para que nos diga por qué se irritó tanto Febo Apolo, bien si es una plegaria lo que echa de menos o una hecatombe, para ver si con la grasa de los carneros y cabras sin tacha se topa y decide apartar de nosotros el estrago.”

Y se hace la consulta a Calcas Testórida, el augur mejor, pues conocía “lo que es, lo que iba a ser y lo que había sido.” Era el augur que había guiado las naves aqueas hasta Ilión por medio del arte adivinatoria.

Como se ha dicho, esto ilustra la forma de proceder de los griegos arcaicos en todos aquellos asuntos importantes de la vida, el modo en que se relacionaban con ese “otro” mundo en el que se decidían los acontecimientos de este nuestro mundo.

Ahora bien, no siempre los oráculos acertaban ni las ofrendas obtenían la recompensa deseada. Cuenta Heliodoro de Halicarnaso que cuando Creso de Lydia quiso que los grillos con que había estado preso regalarlos al Dios de los griegos; mandó que los pusiesen en el umbral del templo y preguntasen a Apolo si no se avergonzaba de haberle inducido con sus oráculos a la guerra contra los persas, dándole a entender que se haría con el imperio de Ciro; ahora le presentaban esos grillos como primicia de esa guerra en la que Creso lo había perdido todo, para que le preguntasen también si los dioses griegos tenían por ley ser desagradecidos, pues él había sido generoso en sus ofrendas. La respuesta que recibieron de la Pythia del templo fue:
“Lo dispuesto por el destino no pueden evitarlo ni los dioses.”

En la Iliada, en el canto XXII, en la lucha entre Aquiles y Héctor, Zeus siente compasión por Héctor, y desearía librarlo de la muerte, pero Atenea le responde:
“¿A un hombre mortal y desde tiempo abocado a su destino pretendes sustraer de la entristecedora muerte?”
Lo único que puede hacer Zeus es ver la suerte de Héctor en la balanza del destino:
“Mas cuando ya por cuarta vez llegaron a los manantiales, entonces el padre Zeus desplegó la áurea balanza, puso en ella las dos suertes, la de Aquiles y la de Héctor, domador de caballos, para saber a quien estaba reservada la dolorosa muerte; después cogiéndola por en medio, la levantó y tuvo más peso el día fatal de Héctor, que descendió hasta el Hades. Al instante Apolo lo abandonó” (Iliada, XXII, 208-213).

Para los griegos clásicos, tal y como puede verse, por ejemplo, en la tragedia de Sófocles Edipo rey, el destino es una referencia constante que muestra el carácter numinoso de la realidad.  El destino es una vivencia omnipresente que expresa el orden divino reinante en el mundo.

Leandro Pinkler[1]señala que para cubrir la semántica de la noción de destino hay en griego clásico diversos términos, no estrictamente sinónimos, ya que donde se utiliza uno de esos términos no cabe el uso semántico de otro. Pinkler ejemplariza las diferencias semánticas de esos términos a partir de los tres más importantes para referirse a destino: moíra, tyche y anánke.

Moíra significa simplemente “parte”, aquella parte que te tocó en la vida. A todos nos ha tocado “algo”: ser de tal sitio y no de otro, ser varón o hembra, ser hijo de una familia humilde o adinerada, haber nacido en esta época y no en otra, etc. Moíra son las circunstancias que acompañan a toda vida, y va unida al ámbito temporal finito que constituye la duración de la vida y que los griegos llamaban aión.
Para nosotros, “el” tiempo es un todo infinito y homogéneo. Para el hombre griego el tiempo forma parte del lote que te ha tocado y es finito y cualitativo.

Aquello que a cada uno ha tocado no puede ser cambiado por los dioses, por más que sea dispensado por ellos. En tanto que hechos o circunstancias concretas que forman parte de nuestra vida, solamente cabe afrontarlos, al igual que hacen los dioses.

Tyche viene a expresar la total indeterminación con la que el hombre se encuentra. A todos nos puede pasar cualquier cosa. Nadie está libre de tener un accidente, de enfermar, o de cualquier otra cosa. Tyche es esa total indeterminación en que se encuentra nuestra vida mientras la vivimos. Su posible equivalente sería “fortuna” o “suerte”. Tal y como Solón respondió a Creso, cuando éste se consideraba feliz por los muchos tesoros conseguidos, a lo que Solón respondió que solamente afortunado, pues si se es feliz eso solamente puede saberse al final de la vida.

Anánke tiene la significación de “necesidad”, aquello que no puede ser de otra manera, pues no es algo producido por nuestra voluntad, sino por una voluntad diferente y superior a la nuestra, una voluntad del mundo a la que los propios dioses están sometidos. Sobre esa necesidad se fundan nuestros actos y nuestra vida y, en el fondo, todo sucede según ella. La “necesidad” nos recuerda que no todo depende de nuestra voluntad, y nos obliga a comprender que ciertos elementos de la realidad son como son y sólo cabe aceptarlos.

Destino, suerte y necesidad nos ponen delante de aquello que está más allá de todo ser humano y a partir de lo cual puede hacer una lectura de lo que él es y de cuál es su puesto en la realidad que le ha tocado vivir. Así, su vida se convierte en el medicamento que le cura de su orgullo, de su hybris, de aquel orgullo y desmesura que le hace olvidar su carácter mortal y le lleva a la autodestrucción.

Para la visión del griego clásico, pues, el destino no es algo previamente establecido, sino aquello que me va descubriendo mi propia realidad. Para ellos la oposición destino – libertad todavía no se había planteado.

[1] Leandro Pinkler. La tragedia griega. Buenos Aires, 1989


jueves, 3 de septiembre de 2020

LA GESTACIÓN DE LA EDAD MODERNA: EL DAVID DE DONATELLO

 La historia, como la propia vida individual, es un flujo continuo en el tiempo. Hay tramos en ese flujo del tiempo que parecen pivotar en torno a una idea central que actúa como el centro de gravedad de esa época. Y eso facilita que los historiadores puedan, para hacer su trabajo, puedan dividir esa historia en edades más o menos convencionales.

En el caso del mundo europeo, eso ha dado lugar a dividir la historia en tres grandes periodos como son la Edad Antigua, La Edad Media y la Edad Moderna. Cada uno de estos periodos tiene su nacimiento, su apogeo y su momento de disipación. Naturalmente nosotros, hombres de la edad moderna, no podemos saber hasta cuando se alargará este periodo ni con que acontecimiento se considerará su final. Solamente quienes vengan detrás podrán saber eso.

El tránsito de un periodo a otro es pausado, hasta el punto de que para quienes lo viven les es muy difícil percibirlo. Además, el pasado anterior siempre pervive de alguna forma en las edades siguientes, al igual que nuestra niñez permanece en la edad adulta. La nuevas edades no dejan de ser semillas que germinaron porque ya estaban en la tierra del pasado…

Si buscamos comprender nuestro tiempo, necesitamos remontarnos a esos momentos iniciales en que se diseñaron las líneas maestras correspondientes a ese tiempo. Para nuestro caso la referencia más inmediata se llama Renacimiento.

El tránsito de la llamada Edad Media a la Edad Moderna fue un largo periodo que va desde el siglo XIV hasta el siglo XVI o XVII. Esto quiere decir que hay que tomar esa perspectiva de aproximadamente doscientos años para ver que las instituciones, las maneras de entender la vida y las normas que regulan la convivencia empiezan a ser otras.

Hasta que la Edad Moderna se reconozca a sí misma como otro tiempo diferente del de la Edad Media hay todo un periodo  en el que conviven a la vez elementos claramente  medievales con otros que apuntan o pertenecen plenamente a la modernidad.

Ese tránsito se fue manifestando en tres ámbitos claves de la vida cultural: el arte, la política y la religión. También podría formularse este proceso diciendo que empezó por la sensibilidad, (la estética), siguió por el cuerpo social y acabó por el espíritu. Pero si en el orden temporal esa pudo ser la secuencia, desde un punto de vista metafísico la transición empezó por cambios en la religión (o en la fe) que paralelamente se manifestaron, en la política y en el arte.

El arte renacentista, la formación de las nacionalidades y la Reforma protestante junto a la Contrarreforma católica son los mojones históricos que señalan el cambio de mentalidad. Son manifestaciones del nuevo horizonte desde el que se plantearán los nuevos interrogantes y se buscarán las correspondientes respuestas.

De cómo el arte recoge el nuevo sentir podemos verlo concentrándonos en una de las obras de la época: el David que Donatello (1386 – 1466) realizará para Cosme de Médici en 1440. Se trata de una estatua en bronce, de bulto redondo, de unos 158cm de altura y que hoy se puede contemplar en el Palacio Bargello de Florencia, aunque originalmente fuese colocada en el patio del palacio que para los Médicis construyera Michelozzo.


El tema de la escultura es bíblico, cristiano. Representa el pasaje del enfrentamiento entre David y Goliat que se recoge en el capítulo 17 del primer libro de Samuel.
 El joven David vence al gigante Goliat al que mata de una pedrada lanzada con su honda y al que corta la cabeza con la espada misma del vencido. La escultura representa justo el momento posterior a ese enfrentamiento entre David y el filisteo Goliat.

Aunque el tema es bíblico, la obra no puede considerarse como arte sagrado. El punto de vista desde el que se contempla la escena, su forma, no corresponde a lo que es propio del arte cristiano. No pretende la ilustración o la comprensión de ningún contenido de la tradición cristiana. El encargo que Cosme de Médici hizo a Donatello estaba destinado a celebrar la victoria de la joven república de Florencia sobre la poderosa Milán. Tras esta idea de propaganda política, el simbolismo puede extenderse al triunfo de la inteligencia sobre la fuerza bruta, o de Cristo sobre el pecado y la muerte. Otros ven, por ciertas similitudes entre el sombrero toscano que cubre a David con el casco del dios pagano Mercurio, como una representación del mito de la victoria de éste sobre el gigante Argos.

Se trata de una escultura exenta. La disciplina sagrada tradicional en el arte cristiano hacía que la escultura estuviera supeditada al marco arquitectónico del templo, el cual representa el cuerpo de Cristo (Jn 2, 19 – 21) y también la Divinidad manifestada en la tierra. Las representaciones escultóricas están justificadas por su relación con Cristo y ocupan el lugar que les corresponde por su función litúrgica.

Donatello fija su mirada en la escultura clásica griega y rompe con toda esa disciplina del arte sagrado tradicional. Desde el punto de vista psicológico esa ruptura significa una liberación de las tendencias que esa disciplina rechazaba, con la consiguiente proliferación de artistas originales. Se trata de una emancipación del “yo” y la correspondiente expansión individualista.

En esta obra también se retoma el desnudo de la escultura clásica griega. En el arte cristiano tradicional del medioevo, por su economía espiritual, estaba excluida la representación del desnudo. La desnudez que podía aparecer en algunas representaciones de Adán y Eva, o las almas del purgatorio era una desnudez abstracta, sin pretensiones naturalistas. Las artes plásticas no estaban para revelar ninguna belleza natural, sino para transmitir y recordar verdades espirituales. La belleza de los montes o de los cuerpos humanos se podía admirar por todas partes, sin necesidad del arte. Es a partir del desarrollo de la vida urbana en los siglos XIII y XIV que aparece el arte que intenta imitar a la naturaleza y traerla al interior de la ciudad. Y es entonces cuando se nota la ausencia del nudismo y la necesidad de su representación.

Toda la figura del joven David, con el movimiento y la gracia que le ofrece el contraposto de su pie sobre la cabeza cortada del barbudo Goliat, transmite sensualidad, delicadeza y arrogancia. Al mismo tiempo, está impregnada de ambigüedad: ambigüedad en cuanto a la anatomía un tanto andrógina de David, y también respecto a las posibles interpretaciones de la composición. La expresión reflexiva y firme de David parecen indicar la resolución con que los artistas empiezan a dejar atrás la rusticidad anterior.

Aunque es frecuente oír que la obra tiene un carácter simbólico, no creo que se trate propiamente de un símbolo. Se trata de una interpretación de un pasaje bíblico desde un punto de vista humanista. El papel del símbolo no es que la imagen pretenda substituir al original; debe respetar siempre la distancia que separa lo que pertenece al mundo inteligible del mundo sensible. De ahí su carácter abstracto y hasta tosco en ocasiones. En la interpretación hay una especie de fórmula alegórica que pretende expresar una ley universal; se trata de representación figurada de una concepción abstracta.

El arte contemplado en el David de Donatello nos muestra el tipo de cambio de mentalidad que se está produciendo en la cristiandad. Se estaba pasando de una sociedad formalmente tradicional y sagrada a una sociedad laica, cuyo punto de vista al contemplar el mundo es antropocéntrico e individualista. La obra de arte encuentra su perfección, su acabamiento en sí misma. La forma ideal es inmanente al mundo, no transcendente.

El lugar del arte medieval es, sobretodo, el templo, la catedral a partir del siglo XII. En ellas los artistas son los ejecutores en piedra de los tratados teológicos, morales e históricos, pero siempre bajo la dirección del clero. Los artistas no hacen sino interpretar el pensamiento de la Iglesia. Todo allí está simbolizado, empezando por la misma catedral que es una representación viva de la Iglesia purgante, militante y triunfante, según se mire a los enterramientos de los suelos y muros, a las funciones religiosas en torno a los sacramentos o se mirara a las imágenes de Cristo, Nuestra Señora y también de los ángeles y santos que constituían todo el mundo sobrenatural.

Pero al igual que la teología se perdió en la discusión sutil, vacía de contenido y experiencia espiritual, también el arte se fue agotando en un mundo de símbolos cada vez más artificiales, como lo muestran los diversos bestiarios. Es la cosificación y mecanización de la fe lo que, probablemente, llevó a los artistas a alejarse de la tutela del clero y buscar su inspiración en el mundo clásico greco-romano, y la naturaleza, que a su modo, también es el templo que recoge, analógicamente, el mundo todo creado por Dios.