Este joven de 24 años, Pico de la Mirandola, expresó con una retórica magnífica, el nuevo espíritu que iba creciendo en la Cristiandad. Un espíritu que se nutría de conceptos cristianos, pero reinterpretados.
jueves, 17 de octubre de 2024
PICO DE LA MIRANDOLA (5)
sábado, 6 de abril de 2024
PICO DELLA MIRANDOLA (3)
Pico della Mirandola en su Discurso
sobre la dignidad del hombre nos muestra sus reflexiones sobre sobre la
acción creadora de Dios y el lugar que ocupa el hombre dentro de esa magna
obra.
“Ya Dios, sumo Padre y
arquitecto, había fabricado, según las leyes de una arcana sabiduría, esta
mundana morada que vemos, templo augustísimo de la divinidad”.
El mundo, obra racional y
bella, es el templo en que mora la divinidad. Es en ese templo donde podemos
encontrar a Dios. Un templo que se asimilará al “libro de la Naturaleza, cuyos
caracteres son de tipo matemático, como entenderán los iniciadores de la
ciencia moderna. Un mundo ya no hecho exactamente de la nada, sino según unos
modelos o arquetipos racionales.
Tanto Moisés, hebreo, como
Platón en el Timeo, nos muestran que el maravilloso espectáculo de la naturaleza
requiere de un Hacedor, sea Padre o Demiurgo. Y todo ese conjunto maravilloso,
¿qué tendría si no hubiera una conciencia que apreciara esa belleza y sabiduría?
Esa conciencia tenía que aparecer
al final de la obra, una vez ejecutada la creación.
“Pero, acabada la obra, el
artífice echaba en falta a alguien que apreciara el plan de tan magna obra, que
amara su belleza, que admirara su grandeza”.
[Sed, opere consumato,
desiderabat artifex esse aliquem qui tanti operis rationem perpenderet,
pulchritudinem amaret, magnitudinem admiraretur.]
La condición para que algo
pueda ser apreciado es la libertad. No puede haber admiración cuando ésta viene
determinada por una necesidad natural. Libertad es no estar determinado frente
al bien…o el mal.
Dios necesitaba al hombre, un
ser libre y semejante a Él, para dar concluida su obra. Pero no puede ser igual a su Creador, pues,
aunque posee la capacidad de admirar y entender la gran obra de la creación, no
deja de ser creado. Dicho de otra manera: no puede dejar de ser objeto y
sujeto. Y en lo que tiene de objeto, de corpóreo, no puede dejar de tener
límites. Es otro, semejante al creador, pero no igual.
Ahora bien, este admirador y
contemplador de la magnífica obra de la creación no puede dejar de ser
admirado. Ciertamente muy superior a las otras criaturas, pero no digno de una
admiración sin límites. Y es por ese leve resquicio de separación entre
el Creador y la criatura, olvidando la distancia que los separa, por donde se
cuela la hybris, el orgullo o la desmesura que arruina al hombre.
miércoles, 13 de marzo de 2024
PICO DELLA MIRANDOLA (I)
“Finalmente, me parece haber comprendido por qué el hombre es el ser vivo más feliz y, por consiguiente, digno de toda admiración...”
Pico della Mirandola (1463 -1494) Discurso sobre la dignidad del hombre.
Este discurso que Pico della Mirandola escribió para la inauguración del congreso de sabios que él mismo convocó y nunca se realizó. Pero el discurso escrito, tras su muerte, fue dado a conocer por un pariente suyo.
Algunos consideran ese discurso como el manifiesto de la modernidad. En él puede verse el espíritu que anima la nueva mentalidad. El hombre, que tanto había alabado a Dios, ahora se vuelve sobre sí mismo, el alabador. Piensa, entonces, sobre cuál puede ser su lugar en ese vasto mundo de la creación, cuál es la condición de que ha sido provisto por el Creador para hacerlo digno de alabarle.
Pero, acabada la obra, el Artífice echaba en falta a alguien que comprendiera el plan de tan magna obra, que amara su belleza, que admirara la vastedad inmensa.
Pico della Mirandola. Ibidem
El Sumo Hacedor necesitaba de alguien semejante para apreciar su obra. El hombre, creado al final, cierra el círculo de la Creación. Pero para cerrarla realmente debe de estar dotado de aquella cualidad que no le obliga, que no constriñe su decir. Y esto no puede ser otra cosa que la libertad, una nota que no fija y define su ser.
En diálogo con el Creador, Pico encuentra una nueva dimensión de la libertad. Ahora la libertad del hombre no es solamente libertad de hacer, sino también de hacerse.
Es en diálogo con el Dios en que creció y se educó Pico della Mirandola como éste descubre la singularidad del hombre. Una singularidad que consiste en tener su naturaleza semillas de todo lo creado y, sobre todo, el ser casi libre y soberado para modelarse según prefiera.
“No te hicimos ni celeste, ni terrestre, ni mortal ni inmortal, para que, casi libre y soberano, te moldees y te esculpas la forma que prefieras de ti mismo. Podrás degenerar en lo inferior, donde están los brutos; podrás regenerarte, por tu voluntad, en las cosas superiores, donde habita lo divino”.
Ibidem
Ha sido voluntad de Dios dotar al hombre del bien más preciado y propio de la divinidad: la libertad. Pero el hombre es casi libre y soberano. Y eso debía recordarle que su distancia a Dios sigue siendo infinita. No debería olvidarlo.
Ahora bien, el buscaba aquello que hacía al hombre digno de toda admiración. Volvemos de nuevo a la tentación que ya presente en el Génesis, en el que los primeros padres traspasan aquella línea prohibida porque esperaban ser como dioses. Admirado por sus muchas cualidades y las capacidades que le da la libertad, se olvida su condición de criatura.
La conciencia de su alta, altísima, dignidad, le hará sentirse por encima de todo, aunque no sea todavía ese el caso de Pico. ¿Y qué pensarán de tan magnífico discurso sobre el hombre aquellos maltratados por la fortuna o los también hombres?


