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jueves, 30 de abril de 2026

ESTAR EN EL LADO CORRECTO DE LA HISTORIA

Cuando alguien dice "que está en el lado correcto de la Historia" nos está diciendo de forma un tanto retórica que su opinión es la correcta y que el tiempo le dará la razón aceptando lo que él dice. Ellos están en la realidad que el tiempo, que es el que todo lo sabe, acabará mostrando.

No sorprende que consideren que el tiempo les dará la razón, pues en el fondo se tienen a sí mismos como los hacedores del tiempo, es decir, los hacedores de la Historia. Ven la Historia como una corriente continua de dirección y sentido únicos y cuya meta será el triunfo de la justicia, la libertad e igualdad entre todos los hombres. Se trata de un proceso irresistible hacia esa meta. El motor de la Historia es ese futuro con el que todo hombre sueña y tira de ellos.

En esa concepción la Historia ya no es maestra de vida, un conocimiento que nos ayuda a tomar decisiones y evitar repetir errores, sino aquella intuición de por dónde irán las cosas en el futuro. Paradójicamente están en el lado correcto de la Historia los que la niegan, pues ella representa lo ya superado, y que sólo cuenta como curiosidad o justificación del futuro que se desea. Para ellos la Historia es una construcción ideológica que justifica determinada acción política.

La creencia sobre los lados correctos e incorrectos de la Historia va ligada a la idea de "progreso" que empezó a ser común a partir de la modernidad, allá por el siglo XVIII en Europa. Los éxitos logrados por las ciencias de la naturaleza se trasladaron al resto de la vida social, lo que prometía una mejora constante de la Humanidad. Hegel concibió la Historia como un proceso gradual de liberación del hombre de la ignorancia. En Marx la Historia es aquel mecanismo que mueve dialécticamente la lucha entre oprimidos y opresores hacia una paz final: el paraíso comunista, en el que reinará la libertad y la justicia para todos. En Comte... No es necesario seguir poniendo autores, pues la idea de progreso es un elemento configurador de la mentalidad moderna.

De ahí que sean los grupos de izquierdas, autoproclamados progresistas, los que se consideren situados en el lado correcto de la historia. Y esto es equivalente a estar en posesión de la verdad, lo que los legitima para imponer su concepción de la vida y su visión política y económica.

Pero todo eso es una magna abstracción que deja a un lado el carácter limitado del conocimiento humano, su condición temporal, la presencia del sufrimiento y la enfermedad entre los hombres... Solamente al final de los tiempos estaremos en condiciones de distinguir el trigo de la cizaña, de poder distinguir qué lado era el correcto e incorrecto de la Historia.

En todo momento estamos en una encrucijada en la que cuentan tanto el conocimiento del pasado vivo en la memoria como nuestras expectativas sobre el futuro. Son ellos los que configuran nuestro presente. Como adelanto y guía sólo disponemos la que nos dejó Aquel que llegó en la plenitud de los tiempos.




jueves, 30 de enero de 2020

DEL DECIR MUERTO…




He aquí un texto de Platón, del Fedro de Platón. He seguido básicamente el texto tal y como lo ha traducido Emilio Lledó y que incluye en su magnífica obra “El surco del tiempo”. He hecho pequeñas modificaciones de acuerdo con la traducción del diálogo hecha por María Araujo, en las Obras Completas de Platón, de la editorial Aguilar (Madrid, 1974).
Invito a leerlo detenidamente, aunque sea un poco largo. Seguro que encontrarás muchas afirmaciones en las que detenerte y reflexionar…

274c Sócrates. Tengo que contarte algo que oí de los antiguos, aunque su verdad sólo ellos la saben. Por cierto que, si nosotros pudiéramos descubrirla, ¿nos seguiríamos ocupando de las opiniones humanas?
Fedro. Preguntas algo ridículo. Pero cuenta lo que dices haber oído.

Sóc. Pues bien, oí que había por Náucratis, en Egipto, uno de los antiguos dioses del lugar al que, por cierto, está consagrado el pájaro que llaman Ibis. El nombre de aquella deidad era Theuth. Fue éste quien, primero, descubrió el número y el cálculo, y, también, la geometría y la astronomía, y, además, el juego de las damas y el de los dados, y, sobre todo, las letras. Por aquel entonces, era rey de todo Egipto Thamus, que vivía en la gran ciudad de la parte alta del país, que los griegos llaman Tebas egipcia, y cuyo Dios es Ammón. Theuth vino al rey y le mostró sus artes, diciéndole que debían comunicarse a los demás egipcios. Pero Thamus le preguntó cuál era la utilidad de cada una, y a medida que su inventor las explicaba minuciosamente, él las aprobaba o desaprobaba, según le pareciese bien o mal lo que decía. Muchas fueron, según se dice, las observaciones que, a favor o en contra de cada arte hizo Thamus a Theuth, y sería muy largo exponerlas.
Pero cuando llegaron a lo de las letras, dijo Theuth: «Este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y fortalecerá su memoria, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría». Pero el rey respondió: «¡Oh ingeniosísimo Theuth! A unos les es dado crear un arte, a otros juzgar qué de daño o provecho aporta a los que pretenden hacer uso de él. Y ahora tú, que eres el padre de los caracteres de la escritura, por benevolencia hacia ellos, les atribuyes facultades contrarias a las que tienen. 275ª Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes los aprendan, pues al descuidar la memoria, ya que fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, no la verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además de tratar, porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad».
Fed. ¡Qué bien se te da, Sócrates, hacer discursos de Egipto, o de cualquier otro país que se te antoje!
Sóc. El caso es, amigo mío, que, según se dice que se decía en el templo de Zeus en Dodona, las primeras palabras proféticas habían salido de una encina. Pues a los hombres de entonces, que no eran sabios como vosotros los jóvenes, tal ingenuidad tenían que se conformaban con oír a una encina o a una roca, sólo con que dijese la verdad. Sin embargo, para ti tal vez hay diferencia según quién sea el que hable y de qué país. Pues no te fijas únicamente en si lo que dicen es así o de otra manera.
Fed. Tienes razón al reprenderme, y creo que con lo de las letras pasa lo que el tebano dice.
Sóc. Así pues, el que piensa que ha dejado un arte por escrito, y, de la misma manera, el que lo recibe como algo que será claro y firme por el hecho de estar en letras, rebosa ingenuidad y, en realidad, desconoce la predicción de Ammon, creyendo que las palabras escritas son algo más, para el que las sabe, que un recordatorio de aquellas cosas sobre las que versa la escritura.
Fed. Exactamente.
 Sóc. Porque es que es impresionante, Fedro, lo que pasa con la escritura, y por lo que tanto se parece a la pintura. En efecto, las producciones de ésta están ante nosotros como si tuvieran vida; pero si se les pregunta algo, responden con el más altivo de los silencios. Lo mismo pasa con las palabras escritas. Podrías llegar a creer que lo que dicen fueran como pensándolo, pero si alguien pregunta, queriendo aprender de lo dicho, apuntan siempre y únicamente a una y la misma cosa. Pero, eso sí, con que una vez algo haya sido puesto por escrito, las palabras ruedan por doquier, igual entre los entendidos que como entre aquellos a los que no les importa en absoluto, sin saber distinguir a quienes conviene hablar y a quienes no. Y si son maltratadas o vituperadas injustamente, necesitan siempre la ayuda del padre, ya que ellas solas no son capaces de defenderse ni de ayudarse a sí mismas.
Fed. Muy exacto es todo lo que has dicho.
276ªSóc. Entonces, ¿qué? ¿Podemos dirigir los ojos hacia otro tipo de discursos, hermano legítimo de éste, y ver cómo nace y cuánto mejor y más fuertemente se desarrolla?
Fed. ¿A cuál te refieres y cómo dices que nace?
Sóc. Es ese que se escribe con fundamento en el alma del que aprende; capaz de defenderse a sí mismo y sabiendo con quiénes hablar y ante quiénes callarse.
Fed. ¿Te refieres al discurso lleno de vida y de alma, que tiene el que sabe y del que el escrito se podría justamente decir que es el reflejo?
Sóc. Sin duda. Pero dime ahora esto. ¿Un labrador sensato que cuidase de sus semillas, las llevaría, en serio, a plantar en verano, a un jardín de Adonis, y gozaría al verlas ponerse hermosas en ocho días, o solamente haría una cosa así por juego o por una fiesta, si es que lo hacía? ¿No sembraría, más bien, aquellas que le interesasen en el lugar adecuado de acuerdo con lo que manda el arte de la agricultura, y no se pondría contento cuando, en el octavo mes, llegue a su plenitud todo lo que sembró?
Fed. Así es, Sócrates. Tal como acabas de expresarte; en un caso obraría en serio, en otro de manera muy diferente.
Sóc. ¿Y el que posee el conocimiento de las cosas justas, bellas y buenas, diremos que tiene menos inteligencia que el labrador respecto a sus propias simientes?
Fed. De ningún modo.
Sóc. Por consiguiente, no se tomará en serio el escribirlas en agua, negra por cierto, sembrándolas por medio del cálamo, con discursos que no pueden prestarse ayuda a sí mismos, a través de las palabras que los constituyen, e incapaces también de enseñar adecuadamente la verdad.
Fed. Al menos, no es probable.
Sóc. No lo es, en efecto. Más bien, los jardines de las letras, según parece, los sembrará y escribirá como por entretenimiento; atesorando, al escribirlos, recordatorios para cuando llegue la edad del olvido, que le servirá a él y a cuantos hayan seguido sus mismas huellas. Y disfrutará viendo madurar sus tiernas plantas, y cuando otros se dan a otras diversiones y se hartan de comer y beber y todo cuanto con esto hermana, él, en cambio, pasara, como es de esperar, su tiempo distrayéndose con las cosas que te estoy diciendo.
Fed. Uno extraordinariamente hermoso, al lado de tanto entretenimiento baladí, es el que dices, Sócrates, y que permite entretenerse con las palabras, componiendo historias sobre la justicia y todas las otras cosas a las que te refieres.
Sóc. Así es, en efecto, querido Fedro. Pero mucho más hermoso, pienso yo, es ocuparse con seriedad de esas cosas cuando alguien, haciendo uso de la dialéctica y eligiendo un alma adecuada, planta y siembra 277ª palabras con fundamento, capaces de ayudarse a sí mismas y a quienes las planta, y que no son estériles, sino portadoras de simientes de las que surgen otras palabras que, en otros caracteres, son canales por donde se transmite en todo tiempo, esa semilla inmortal, que da felicidad al que la posee en el grado más alto posible para el hombre.
Fed. Esto que dices es todavía mucho más hermoso…
Fed. Así será. Pero vayámonos yendo, ya que el calor se ha mitigado.
Sóc. ¿Y no es propio que los que se van a poner en camino hagan una plegaria?
Fed. ¿Por qué no?
Sóc. Oh, querido Pan, y todos los otros dioses que aquí habitáis, concededme que llegue a ser bello por dentro, y todo lo que tengo por fuera se enlace en amistad con lo de dentro; que considere rico al sabio; que todo el dinero que tenga sólo sea el que puede llevar y transportar consigo un hombre sensato; y no otro. ¿Necesitamos de alguna otra cosa, Fedro? A mí me basta con lo que he pedido.
Fed. Pide todo esto también para mí, ya que son comunes las cosas de los amigos.
Sóc. Vayámonos.